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Martes, 05 Junio 2012 18:26

El Caso Bombas y la labor pericial

Finalmente la semana pasada el país conoció el veredicto judicial del bullado “Caso Bombas”. Si bien la sentencia recién se emitirá el 02 de Agosto próximo, el fallo emitido destaca no solo por la absolución de todos los acusados, sino además, por contener lapidarios juicios sobre



- la acuciosidad del libelo acusatorio presentado por el Ministerio Público,
- la obtención de pruebas con inobservancia de garantías constitucionales,
- diversas fallas en el manejo e interpretación de cadenas de custodia,
- omisión, insuficiencia e irregularidades inexcusables en pruebas periciales

En lo que compete directamente a la labor pericial, lo más difundido por los medios ha sido el hecho que 9 Carabineros reconocieran que los informes periciales por los cuales prestaron declaración no habían sido suscritos por ellos. Dicha situación fue ponderada drástica y tajantemente por el Tribunal, afirmándose en el veredicto “El actuar de los efectivos policiales que no suscribieron sus pericias constituye una infracción grave a su obligación de asumir la responsabilidad por sus actuaciones…”.

No podemos sino coincidir plenamente con lo anterior y aplaudir lo expresado por los Magistrados que conocieron la causa. La prueba pericial ha de ser entendida siempre y por todos los intervinientes como un medio probatorio de base científica, que constituye una acción personal, autónoma y de exclusiva responsabilidad de quien la emite.

Argumentar (como lo intentó el Ministerio Público) que lo que importa no es el informe escrito sino los dichos del perito en estrado es, a nuestro entender, un error conceptual que lamentablemente se ha arraigado en varios tribunales del país. Quienes propenden ello olvidan u omiten señalar que la mayor parte de las causas penales NO se resuelven en juicios orales, dado lo cual la mayoría de las resoluciones procesales se adoptan en base al mérito del informe pericial escrito. Así lo entendió el Tribunal en esta causa, al afirmar que “la rúbrica de un informe pericial resulta relevante, ya que ésta determina el autor del mismo y por ende, permite conocer sus aptitudes, experticias y experiencias…”.
 

Así entonces, las primeras enseñanzas que debiera dejar el Caso Bombas son:

  1. El informe pericial es una acción personal. No cabe bajo ningún pretexto plantearlo como una respuesta institucional que pueda ser suscrita por cualquier funcionario, independiente de la jerarquía que detente éste en la respectiva organización
  2. El informe pericial escrito importa y mucho. No sólo (como lo señala el Tribunal) para el ejercicio de lo dispuesto en el Art. 276 del Código Procesal Penal, sino también para el análisis de su admisibilidad. Los Jueces de Garantía no pueden esperar la declaración del perito para saber si ésta cumple lo dispuesto en el Art. 315 del Código Procesal Penal. No. Ellos sólo disponen del informe escrito, el cual debe contener la descripción de lo periciado y una relación circunstanciada que explique cabalmente las conclusiones a las que se arriba. Pese a ello, lo habitual es que las pericias emanadas de parte de órganos estatales se limiten a describir y concluir… la “relación circunstanciada” suele brillar por su ausencia y sólo eventualmente ha de ser conocida en juicio (si se llega a esa instancia). Mientras tanto, las conclusiones estampadas en el informe escrito figuran en demasiadas ocasiones como artilugios mágicos, sin claridad del método científico que las sustenta.


Pero lo expresado hasta aquí no es lo único. Hay otra enseñanza del Caso Bombas, quizás la principal de todas: la prueba pericial es muy relevante y en ocasiones, imprescindible. Ello quedó del todo demostrado ante la imposibilidad de acreditar diversos hechos a causa de omisiones periciales o peritajes que no se hicieron. Por ejemplo:
 

  • Para el episodio del Consejo de Defensa del Estado el veredicto señaló que “no se incorporaron al juicio los análisis técnicos y científicos que pudieran determinar la naturaleza del polvo hallado al interior del balón de gas”. Lo anterior se pretendió acreditar exclusivamente a partir de la declaración de un experto, sin que mediara un análisis científico ni técnico
  • Para ese mismo episodio se habló temerariamente de bomba, aun cuando ninguno de los componentes del supuesto artefacto fueron analizados (o sus resultados presentados en juicio)
  • La participación de uno de los acusados pretendió ser acreditada a partir del hallazgo en sus manos de trazas de una sustancia denominada “Tetril”. Pero como certeramente consigna el veredicto, “no existió prueba alguna que determinara que en la causación de los daños… haya sido utilizada la sustancia indicada”
  • La prueba documental mediante la cual se pretendió vincular a uno de los acusados careció también de un análisis riguroso, cuestión que el Tribunal hizo ver manifestando: “… cuaderno austral… no fue objeto de comparación caligráfica con su letra y… además, se contiene una segunda escrituración… que tampoco fue objeto de pericia”


Tan severo es el veredicto, que en relación a la participación de uno de los acusados llegó a afirmar que: “la participación atribuida a éste no recibió prueba de ninguna especie digna de ser valorada… tratándose éstas sólo de especulaciones investigativas”.
 

Está claro: la prueba pericial es muy relevante y en ocasiones, imprescindible. Es de esperar que los distintos intervinientes asimilen correctamente ello.

Uno de los pilares que sustentó la Reforma Procesal Penal es la confrontación. Para que ello se exprese en la práctica necesitamos que la cultura de los abogados de un giro, a fin de que comprendan que muchas veces no basta con la “prueba oficial”.

NO. Necesitamos más y mejores pruebas periciales.

 

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